Este blog es solamente de entrevistas. This blog is only of interviews.
Historia de Caracas
Published on August 1, 2008 By askain In Ancient

     
Entrevista Imaginaria a uno de los últimos cronistas de la ciudad de Caracas, Nicolás Ascanio.

ASKAIN

-Señor Ascanio, Pascual Venegas Filardo al prologar su último libro “Estampas de la vieja Caracas”, nos recordaba que usted nos había trasladado a una ciudad llena de placidez bucólica, pero perdida ya en el tiempo; ¿cómo fue que Ud. se interesó en dejarnos ese legado?

-Yo vengo de una familia totalmente caraqueña y desde muy joven quería testimoniar los acontecimientos menudos, de una ciudad que fue serena, de calles empedradas y de faroles románticos en cada esquina. Una ciudad maravillosa y llena de luz, la cual justificaba evocarla. Mis primeros escritos aparecen en “Fantoches” de nuestro inolvidable amigo Leoncio Martínez y luego también escribí en la revista “Billiken”, fundada por el siempre recordado cronista Lucas Manzano. “Estampas de la Vieja Caracas” fue un libro que siguió al primero que titulé: “Crónicas de Santiago de León de Caracas”, publicado en el año de 1945 y prologado por J. A. Cova.

-La juventud de hoy al pasar muy veloz por el centro de la ciudad, a menudo desconoce los recuerdos que en cada esquina fueron desapareciendo con el tiempo.

-Si es verdad. Seguramente todavía podían contemplar el reloj de sol que se encontraba en lo que fue el Mercado de San Jacinto, pero es una lástima que no pudieron contemplar la Estatua de Don Antonio Leocadio Guzmán, erigida en el año de 1882, en la que fue la plaza de “El Venezolano” . Fueron símbolos y lenguaje de una ciudad que ha conservado muy poco su patrimonio histórico. El reloj de granito, grabado en 1803, representaba la Colonia, y la estatua de Guzmán representaba la República. Los regidores de nuestra ciudad le concedieron a los frailes dominicos, dos solares para que construyeran el Convento de San Jacinto y también la plaza; y se le debe recordar a esos jóvenes, que muy cerca de allí se había creado el barrio del Rosario, que tuvo la suerte de tener, a la mano, un mercado construido por el ingeniero Juan Hurtado Manrique, por lo que el convento tuvo que desaparecer, pero en cambio se conservó el reloj de sol y la estatua de Guzmán, que fue derribada por el pueblo en el año de 1889. Derribar estatuas por una causa ideológica no tiene sentido, porque la historia no se puede borrar; y además, la historia es la amalgama de todas las ideologías. Eso lo entendió muy bien Crespo en 1893, al volver a reponer aquella estatua, pensando quizá que el escultor Rafael de la Cova se debe haber resentido de ese hecho insólito.

-Los vestigios históricos de nuestro pasado:¿ han desaparecido por completo? o ¿se conserva todavía lo básico?

-La historia de una ciudad no se puede deslindar en patrimonios básicos y no básicas, pues todo legado es fundamental. Por ejemplo, la arcaica costumbre, muy castellana, de colocar escudos de armas tallados en piedra en los dinteles de los portones de algunas casas solariegas, han desaparecido casi en su totalidad. Recordamos por ejemplo la casa de Don Felipe de Llaguno con su escudo que le daba prestancia y señorío; la casa de la familia Plaza, situada entre Carmelitas y Santa Capilla, también ostentaba su heráldica familiar, que es parte de la historia.

-Y en ese mismo entorno estaba la casa de Bolívar.

-Si… la casa de Bolívar fue adquirida en el año de 1806 por Don Juan de La Madrid, pero lo más interesante de todo esto es que la manzana comprendida entre las esquinas de San Jacinto, Gradillas, Sociedad y Traposos, forma un cuadrilátero histórico, pues la casa de Las Gradillas fue primero habitada por el Alcalde Juan Félix de Aristeguieta, inmueble que heredó Bolívar; y unas cuadras más allá, existía la casa de la familia Palacios y otros huéspedes ilustres como el Conde de Segur, el Barón de Humboldt y el norteamericano Duane. 

-Y es parte de la historia también : ¿los viejos patios y corrales de las casas caraqueñas?

-El recuerdo de las viejas ciudades es parte de la historia; como las casonas coloniales mexicanas por ejemplo en Coyoacán. En Caracas los patios y los corrales eran lugares de evocación, donde muchas veces había cepas de albahaca, helechos, hierbabuena o el heliotropo al pie de los jazmineros y rosales. Además, el corral era el lugar preferido para que los muchachos de la casa se recrearan con el juego de gárgaro malojo, ladrón y policía o doñana. De esos corrales se surtía la familia de huevos, frutas y de las hojas de cambures, para el envoltorio de las hallacas. En esos espacios –patios y corrales- también llegaban los músicos criollos como: Los Cañoneros, o se organizaba un Velorio de Cruz.

-¿Es cierto que en Caracas las familias se surtían de agua en fuentes y pilas públicas?

En todas nuestras ciudades coloniales fue así. Por ejemplo, en Caracas la fuente de Muñoz fue construida, en 1786, por iniciativa de los vecinos del barrio Caruata y para esa misma época el Ayuntamiento, acordó dar el permiso para que en la esquina de Capuchinos las familias tomaran agua de una bella fuente que tenía un león esculpido y por eso la calle se llamaba anteriormente del León. En la esquina de La Pilita, también la fuente fue conocida con el nombre de la Pilita del padre Rodríguez. Esas fuentes públicas eran igualmente lugares para la tertulia cotidiana; todos los rumores de un barrio llegaban hasta allí, donde algunos vendedores de arroz con coco, de majarete, el tequiche o el carato de acupe encontraban clientela segura. Eran si Ud. quiere llamarlos así : los buhoneros de la época.

-Y que significó en Caracas el servicio de los llamados “parihueleros” ?

-Uno de los personajes más útiles en la Caracas de esa época de los años 20 eran los parihueleros. Esos hombres realizaban mudanzas, de un hogar a otro o de un comercio a los hogares, en una especie de angarillas con cuatro patas. La gente prefería ese tipo de transporte que utilizar, por ejemplo, una carreta, porque como el pavimento era de piedras con los parihueleros se evitaban los baches. Las familias contrataban sus servicios es sitios específicos donde se estacionaban, como en las inmediaciones de la Plaza de San Pablo, en la esquina de Traposos o en la Plaza del Mercado Principal , entre el Pasaje Linares y la antigua Plaza El Venezolano. Para las fiestas en Miraflores o en la Casa Amarilla eran los parihueleros los encargados del transporte de las viandas que se habían encargado, con tiempo, a familias de renombrado arte culinario.

-Toda ciudad colonial tenía, no hay duda, sus tradiciones populares y seguramente Caracas no escapó a ellas.

-La ciudad estuvo llena de candorosas tradiciones. Fueron vivencias de originarios cultos y credulidades supersticiosas, que se arraigan en las mentes de los pobladores. Por ejemplo, a los santos del calendario se les achacaban hechos tan naturales como el de una tempestad. Todavía el caraqueño, en el mes de octubre, espera que suceda el Cordonazo de San Francisco. En tiempos de sequía se hacían rogativas a San Isidro Labrador, el cual podía “ poner el agua y quitar el sol “, o también al contrario, “poner el sol y quitar el agua”. Los baños con cariaquito morao, quitar el mal de ojo al santiguar a un niño con la albahaca o utilizar una pulsera de azabache. Para dejar cualquier tribulación a un lado, se rezaba a San Alejo. Se colocaba, disimuladamente, una escoba detrás de la puerta de la sala o se empolvoraba con sal molida los alrededores de un asiento donde se posaría un visitante inoportuno o no grato. Amuletos, perfumes y estampas de santos y también de Maria Lionza, del Anima Sola, y las apariciones sobrenaturales como La Llorona, la Mula Maníá y el Carretón de las Animas.

-Para terminar, me cuentan que Ud. ilustraba sus crónicas con unos excelentes dibujos a plumilla, usando tinta china. 

- Yo siempre fui un fiel creyente de que las imágenes dicen a veces mucho más que lo relatado. Todas mis crónicas iban enmarcadas con dibujos y alegorías de la época. Pintaba por ejemplo el Puente de Carlos III o la Santa Iglesia Catedral, la Casa de las Carreño, los viejos solares, la Casa de Miranda , el Convento de San Jacinto, la casa de las Monserrate, la Cuadra Bolívar, la Iglesia de Santa Rosalía de Palermo, el Samán de Catuche, entre otros. Como yo era ambidiestro, si me cansaba de pintar con la derecha podía entonces usar la zurda.


Comments
No one has commented on this article. Be the first!
Meta
Views
» 209
Comments
» 0
Category
Sponsored Links