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Las revoluciones
Published on May 22, 2008 By askain In Europe

Una entrevista imaginaria con Peter Drucker

 

¿Qué opina Peter Drucker de las revoluciones ?

Las revoluciones como aprendimos desde los días de Thomas Jefferson, no son el remedio para construir una nueva sociedad.

¿Por qué tiene usted esa opinión tan radical ?

Porque las revoluciones no pueden predecirse, dirigirse ni controlarse. Sólo dan poder a personas equivocadas y lo peor de todo es que sus resultados son exactamente opuestos a sus promesas.

¿Y esas aseveraciones se han afirmado con anterioridad ?

Claro, sólo unos años después de la muerte de Jefferson en 1826, el gran analista Alexis de Tocqueville ya había señalado que las revoluciones no demuelen las prisiones del antiguo régimen, sino que las agrandan.

¿Existen ejemplos de esos lamentables retrocesos ?

Pues mire usted, el legado más duradero de la Revolución Francesa fue el fortalecimiento de los mimos grilletes de la Francia pre-revoluionaria. Recordemos que esos grilletes fueron la sujeción de todo el país a una incontrolada e incontrolable burocracia y la centralización en París de toda la vida política, intelectual, artística y económica.

¿Pero ese ejemplo puede ser una simple casualidad  o no ?

No mi amigo le voy a dar otros ejemplos. Las principales consecuencias de la Revolución Rusa fue una nueva servidumbre para los cultivadores de la tierra, una policía secreta omnipotente y una burocracia asfixiante, rígida y corrupta. Las características mismas del régimen zarista contra el cual los liberales y revolucionarios rusos habían protestado con mayor fuerza y con mayor justificación. Y lo mismo puede decirse de la macabra “Gran Revolución Cultural” de Mao, en la China comunista.

¿En resumen: como define usted las revoluciones sociales ?

Ahora después de muchas experiencias sabemos que las “revoluciones” políticas son un espejismo y hoy quizá el más desacreditados de sus mitos. Las “revoluciones” no es un logro ni un nuevo amanecer. Ellas resultan del decaimiento senil, de la bancarrota de las ideas y de las instituciones, del fracaso de la propia renovación.

¿Y por qué ese fatalismo ?

Bueno por que hoy sabemos que las teorías, los valores y todos los artefactos que las mentes y las manos humanas realizan, se envejecen y se vuelven rígidas, volviéndose  obsoletas, convirtiéndose en “aflicciones” como lo señaló hace años el mismo poeta alemán Goethe, que aunque era un conservador empedernido se atrevió a lamentase al final de su vejez, al decir: “vernunft wird Unsian Wholthat, Plage”, o lo que es lo mismo : “La razón deviene sin razón, las dichas : aflicciones”-

¿Entonces: qué necesitamos ?

La innovación  y la capacidad de investigar y progresar con cada hallazgo. Porque las innovaciones son tentativas y desaparecerán si no producen los resultados esperados y necesitados. En otras palabras, porque son pragmáticas y no dogmáticas y porque muchas veces son modestas y no grandiosas. Porque prometen ser flexibles y autorrenovadoras y todo esto lo hacen sin derramamiento de sangre, ni guerra civil, o campos de concentración, sin catástrofes económicas pero con propósito, con dirección y bajo control. Esto requiere que las sociedades hagan de la innovación y la investigación una actividad normal, continua,cotidiana, una práctica en su propia vida y en la de sus organizaciones. Promover conceptos e instrumentos para esta tarea constituye el propósito mayor de este nuestro siglo.

(Entrevista imaginaria basada en el libro del autor: Innovation and Entrepreneurship: practice and principles, New York: Harper and Row Publishers.)

 

Drucker nació en Viena en 1909. Se educó en Austria y en Inglaterra,y obtuvo un doctorado en Leyes en la Universidad de Frankfurt. 
Entre 1950 y1971 fue profesor de Gerencia Avanzada en la Escuela de Negocios para Graduados de la Universidad de Nueva York. Desde 1971 tuvo a su cargo la cátedra de Ciencias Sociales en la Universidad de Claremont, en California (la universidad bautizó a su escuela de negocios con su nombre en 1987). Ha dictado conferencias sobre Arte Oriental en el Pomona College, y también fue profesor de Política y Economía en el Bennington College, de Vermont.
Además de dedicar buena parte de su vida a la enseñanza, Drucker fue consultor de grandes y pequeñas empresas,de organizaciones sin fines de lucro -hospitales y entidades de servicio a la comunidad-, y ha trabajado para agencias del gobierno de los Estados Unidos, Canadá y Japón.
Prolífico escritor, a lo largo de 60 años ha publicado mas de 30 libros sobre temas relacionados con la sociedad, la economía, la política y la gerencia, que fueron traducidos a más de 20 idiomas. 


Esto decía en una de las últimas entrevistas concedidas:
”Los sucesos mundiales recientes -desde los atentados terroristas y la guerra en Irak, hasta el desgaste de los organismos supranacionales y la debacle corporativa- tienen, en apariencia, un protagonista preponderante. ¿Los Estados Unidos siguen marcando el camino de la economía en el mundo?
El dominio de los Estados Unidos ha terminado.

La economía mundial se organiza, lentamente, pero con firmeza, en torno de una serie de bloques consolidados e importantes: las uniones económicas.

Estos bloques cambian las relaciones de poder entre regiones y países, entre miembros y no miembros. ¿Por qué? Porque son muy similares a los “estados-nación" que surgieron en el siglo XVIII: hacia adentro, partidarios del libre comercio, pero fuertemente proteccionistas puertas afuera.

La Unión Económica Europea es un ejemplo avanzado. El TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) se mueve a una velocidad sorprendente. No es un fenómeno nuevo que las empresas norteamericanas se trasladen a México, sí lo es la rapidez con que las empresas mexicanas se están instalando en el sur de los Estados Unidos.

También es interesante observar que aunque el TLCAN aparece como un bloque económico dominado por los Estados Unidos, Canadá controla, en proporción, más empresas en los Estados Unidos que las que capitales estadounidenses manejan en Canadá.

Como se ve, las relaciones de poder no son unidimensionales. Por ejemplo, contra la tríada de América del Norte, el MERCOSUR debería, a mi criterio, integrarse más estrechamente con Brasil.

Y, en este análisis de posiciones relativas, no se puede ignorar el peso de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) con China como miembro dominante, y tampoco puede soslayarse el peso de las tres economías isleñas -Japón, el Reino Unido y Australia-, que no forman parte de ninguna de estas uniones, pero ya están debatiendo a cuál integrarse.”

 


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